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domingo, 27 de noviembre de 2016

LA ILÍADA

Diálogo entre Andrómaca y Héctor

Hola a todos hoy traigo un fragmento de la Ilíada de Homero, concretamente de lo referente al asedio de troya y la marcha del príncipe troyano, Héctor, al campo de batalla a sabiendas de que tendrá que enfrentar al poderoso Aquiles. Este fragmento es un diálogo entre Héctor y su esposa, Andrómaca, que intenta persuadirlo para que no vaya a la batalla.

Diálogo

Narración



Andrómaca-《¡Desgraciado! Tu valor te perderá. No te apiadas de tu hijo, aun tierno, ni de mí, infortunada, que pronto seré tu viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares, que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matólo el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Teba, la de altas puertas: dio muerte a Eetión y, sin despojarlo el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas monteses, hijas de Zeus, que lleva la égida.
Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a todos los mató el divino Aquiles, el de los pies ligeros, entre los flexípedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Ártemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Ahora, pues, compadécete de mí y quédate aquí, resistiendo en lo alto de esta torre ¡no conviertas en huérfano a tu hijo ni a tu mujer en viuda! A tus huestes detén cabe la higuera, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. Los más valientes los dos Ayantes, el célebre Idonomeo, los Atridas y el fuerte hijo de Tideo con los suyos respectivos ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los oráculos se lo indicó, o a su mismo 
 arrojo los impele u anima.》

 Contestolé el gran Héctor, el de tremolante casco:             

《Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de rozagantes plepos, si como un cobarde huyera del combate; y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos, manteniendo la inmensa gloria de mi padre y de mí mismo.
Bien lo conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón:
Día vendrá que perezca la sagrada Ilio, Príamo y el pueblo de Príamo, armado con lanzas de fresno. Pero la futura desgracia de los troyanos, de la misma Hécaba, del rey Príamo y de muchos de mis valientes hermanos que caerán en el polvo a manos de los enemigos,
no me importa tanto como la que padecerás tú cuando alguno de los aqueos, de broncíneas corazas, se te lleve, sumida en lágrimas, privándote de la libertad que tenías en los días de antaño. Y, quién sabe,  tal vez, allá en Argos, tejas luego una pieza de tela, a las órdenes de otra mujer, o vayas por agua a  la fuente Meseide o Hiperea, muy contrariada porque la dura necesidad pasará sobre tí. Y quizás alguien exclamé, al verte derramar lágrimas: " Ésta fue la esposa de Héctor, el guerrero que más se señalaba entre los troyanos, domadores de caballos, cuando en torno de Ilio peleaban" Así dirán y sentirás un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojalá un montón de tierra cubra mi cadáver, antes que oiga tus clamores o presencie tu rapto.》

Así diciendo , el esclarecido Héctor tendió los brazos su hijo, y éste se recostó, gritando, en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábanle miedo el bronce y el terrible penacho de crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la augusta madre, Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado, y rogó así a Zeus y a los demás dioses:

《¡Zeus y demás dioses! Concededme que este hijo mío sea, como yo, ilustre entre los troyanos a igualmente esforzado; que reine poderosamente en Ilio; que digan de él cuando vuelva de la batalla: "¡Es mucho más valiente que su padre!"; y que, cargado de cruentos despojos del enemigo a quien haya muerto, regocije el alma de su madre.》

Esto dicho, puso el niño en brazos de la esposa amada, que, al recibirlo en el perfumado seno, sonreía con el rostro todavia bañado en lágrimas. Notólo el esposo y compadecido,
acaricióla con la mano y le dijo:  
  
《¡Desdichada! No en demasía tu corazón se acongoje, que nadie me enviará al Hades antes de lo dispuesto por el destino; y de su suerte ningún hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una vez nacido. Vuelve a casa, ocúpate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Ilio, y yo el primero.》

Dichas estas palabras, el preclaro Héctor se puso el yelmo adornado con crines de caballo, y la esposa amada regresó a su casa, volviendo la cabeza de cuando en cuando y vertiendo copiosas lágrimas. Pronto llegó Andrómaca al palacio, lleno de gente, de Héctor matador de hombres; halló en él muchas esclavas, y a todas las movió a lágrimas. Lloraban en el palacio a Héctor vivo aún, porque no esperaban que volviera del combate librándose del valor y de las manos de los aqueos.
                                       
                           
  
En este texto se puede observar la disputa que tienen Héctor y su esposa, Andrómaca por la propia guerra y la pérdida de esta de toda su familia por culpa de Aquiles. Andrómaca no quiere perder a Héctor y por ello le intenta persuadir para que no vaya. Héctor sin embargo, se siente obligado a ir para luchar por su honor y su patria, Troya. Se habla tambien de su hijo al que Héctor conjura a los dioses para que en el futuro sea más valiente que él, así como del reluciente palacio que poseia junto con sus muchas esclavas. Tambien Héctor replica que no tiene miedo al destino, que a todos nos llega. Se utiliza mucho el epíteto épico con frases como: 

La augusta madre
Aquiles el de los pies ligeros
Héctor el de tremolante casco



sábado, 26 de noviembre de 2016

Platón, el banquete


Biografía: Vivió la mayor parte de su vida en Atenas. Es junto con su discípulo Aristóteles y su maestro Sócrates uno de los tres grandes pensadores de la antigua Grecia. Viajó por oriente y el sur de Italia conociendo a otros filósofos entre ellos a algunos discípulos de Pitágoras. A diferencia de su maestro, Sócrates, Platón dejó muchas obras escritas que se han conservado hasta hoy, el fué el primer autor en utilizar la narración entre dos personas para explicar la filosofía, esto constituyó un nuevo elemento cultural, el diálogo. Según Platón, el hombre es una unión accidental entre un cuerpo material y un alma inmaterial y, que esta existía antes que el cuerpo siendo inmortal y teniendo que librarse de la carcel que suponia este. Para Platón conocer es recordar lo que el alma ya sabía. En política creia que los filósofos y sabios son los que debian gobernar ya que son los que conocen el bien y pueden dirigir el estado impartiendo justicia. Sus obras empezaban sin ningún prólogo y solian tener como base la conversación entre un maestro (que muchas veces solía ser Aristóteles) 
 y su discípulo. En sus obras se hablaba de todo tipo de temas desde políticos a éticos con una respuesta final al dilema. Otros eran una respuesta directa escrita por él a un tema propuesto.                                                                        
                                                                            



El Banquete


 "A continuación debe considerar más valiosa la belleza de las almas que la del cuerpo, de suerte que si alguien es virtuoso del alma, aunque tenga un escaso esplendor, séale suficiente para amarle, cuidarle, engendrar y buscar razonamientos tales que hagan mejores a los jóvenes, para que sea obligado, una vez más , a contemplar la belleza que reside en las normas de conducta y a reconocer que todo lo bello está emparentado consigo mismo, y considere de esta forma la belleza del cuerpo como algo insignificante. Después de las normas de conducta debe conducirle a las ciencias, para que vea también la belleza de éstas y, fijando ya su mirada en esa misma belleza, no sea, por servil dependencia, mediocre y corto espíritu apegándose como esclavo, a la belleza de un solo ser, cual la de un muchacho, de un hombre o de una norma de conducta, sino que, vuelto hacia ese mar de lo bello y contemplándolo, engendre muchos bellos y magníficos discursos y pensamientos en inagotable filosofía, hasta que fortalecido entonces y crecido descubra una única ciencia cual es la ciencia la belleza (...) la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras que todas las otras cosas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte de éstas no le causa ni aumento ni disminución, ni le ocurre absolutamente nada."




En esta obra Platón nos habla de que la belleza está en el interior y que la apariencia es una mero engaño al que acuden los necios. Para mí tiene totalmente razón, pongamos un ejemplo: tienes que escoger entre dos objetos, digamos entre dos libros, uno con una bella portada decorada con los más bellos colores y otro que parece un libro que no tiene nada de especial. Al abrir el primero te encuentras que esta muy sucio y apenas tiene nada escrito mientras que al abrir el segundo ves que por dentro tiene unas páginas preciosas y que es mucho más interesante de lo que parecia a primera vista. Es decir, uno de los grandes problemas del ser humano es que tendemos a juzgar a una persona por su portada, sin saber como son realmente por dentro, y, que para encontrar el amor verdadero hay que acercarse a el con las palabras, no con la mirada.



Escuela de Atenas, Platón discutiendo con su discípulo, Aristóteles, de Rafael Sanzio